domingo, 30 de diciembre de 2012

Pasos para trabajar como Médico Especialista en EEUU

Estos son los requisitos para trabajar como Médico Especialista en EEUU.
Siento desanimar a muchos con esta lista, pero va con mi mejor intención y porque he visto que mucha gente hace la maleta con falsas esperanzas.
En otro post os cuento cómo lo hice yo, aunque imagino que mi situación personal no tiene nada que ver con la vuestra.

1.      Examen TOEFL. Se puede realizar en España, cuesta unos 250 euros. No se aprueba o se suspende, sino que te dan una puntuación. Al cabo de unos años, caduca. Si tienes el Proficiency podrías intentar convalidarlo, pero vas a tardar menos en hacer el TOEFL.

2.      STEPS, son tres exámenes de toda la carrera de medicina. Os recomiendo hacerlos a la vez que preparáis el MIR español porque los contenidos son los mismos, pero también os recomiendo que os compréis el material en inglés americano. Hay una parte práctica que si no habéis trabajado con pacientes reales os va a resultar difícil. Cada examen cuesta entre 8.000 y 10.000 euros. Se hacen una vez al año. Con mucha suerte podéis hacer dos seguidos el mismo año pero nunca los tres. No os recomiendo que paguéis dos matrículas porque sin haber vivido en EEUU y comprender perfectamente la jerga médica no es fácil aprobar la parte práctica. Recordad que este examen no es un trámite de convalidación, sino que es el mismo examen que hacen los americanos para aprobar la carrera. NO OS CONVALIDAN EL TÍTULO, SINO QUE OS DAN LA OPORTUNIDAD DE EXAMINAROS CON SUS ESTUDIANTES.

3.      INTERNADO: Esto sí que os lo convalidan con los Steps, por lo menos a mí me lo convalidaron. Si no os lo convalidaran, es un año de prácticas (tipo R1) al terminar la carrera.

4.      RESIDENCIA: Una vez más, nunca os van a convalidar un título español (ni de ninguna parte) sino que os dan la oportunidad de repetir la residencia en igualdad de condiciones con sus médicos. La residencia de Medicina Interna dura 5 años, la de cirugía otros 5 años y la de Pediatría 4. (En algunos estados todas las residencias troncales son de 5 años). Una vez terminada la residencia, hacéis la especialización. Por ejemplo, para ser neurólogos hay 5 años de Medicina Interna y 4 de Neurología.

5.      BOARD: Es el “examen final” de la residencia, muy difícil, por cierto. Es un examen estatal, no depende del hospital en que habéis hecho la residencia. No todos los médicos tienen el Board, pero a nivel práctico más os vale conseguirlo si queréis tener una oportunidad de trabajo. Cada especialidad tiene sus condiciones y sus fechas. Es aconsejable hacer el Board de la residencia troncal y luego el de la especialidad. El Board europeo no es convalidable.

6.      FELLOW: Es un postgrado que todo médico americano hace aunque no es obligatorio. Puede ser de investigación o de clínica. Dura entre uno y tres años. Podéis trabajar como médicos especialistas a la vez que hacéis el Fellow.


¿Y si soy especialista español y quiero irme a EEUU? ¿No es cierto que te contratan fácilmente y te pagan mucho?


Por desgracia, no. Te contratan fácilmente y te pagan un sueldo normal si quieres ser “asistente de médico” (para lo cual tienes que obtener primero la acreditación de “asistente de médico” con las tasas, el tiempo y los exámenes correspondientes). Haces la exploración, historia clínica, explicaciones al paciente… y luego el médico americano firma el informe.

Muchos médicos españoles trabajan como “asistente de médico” porque no tienen su titulación convalidada y es la única salida en contacto con la medicina que tienen.

Otra posibilidad es ser “Médico Visitante”. En ese caso trabajas sin poner un dedo en el paciente, pero no cobras. Como mucho puedes recibir una beca mientras haces ese trabajo.


Si consigo un Fellow… ¿puedo quedarme allí para siempre?

No. El Fellow tendría que ser de investigación, nunca de clínica. Es válido en EEUU si posterioremente hicieras los Steps, la residencia y la especialidad. Pero no es válido por sí mismo. En España, por lo que yo he visto, no sirve para nada.

Además, entrarías con visa de estudiante, sin posibilidad de trabajar, y en cuanto se terminara el Fellow, tendrías que salir del país.


Cómo llegue a trabajar en EEUU


Hice la carrera de medicina entre San Sebastián y Bilbao.

En el tercer año conocí a un chico americano que había venido de Erasmus y nos enamoramos tanto que me puse a estudiar inglés como una loca. Al finalizar la universidad ya tenía todos los posibles títulos de idiomas y, sobre todo, hablaba inglés perfectamente.

Nos casamos cuando terminé la carrera, con lo cual adquirí la nacionalidad americana, pero por motivos familiares, decidimos quedarnos ambos en España y yo hice la residencia en un hospital de Bilbao.

Una vez al año viajábamos a Boston a ver a su familia y, asesorada por mi suegro, que es médico allí, fui pasando los exámenes step, en los que, sin exagerar, invertí todos los ahorros de mi sueldo como residente.

Terminé la residencia en una época en que había trabajo para los médicos en España, y especialmente en País Vasco. Pero mi marido empezaba a estar cansado de vivir en Bilbao y cada vez pasaba temporadas más largas en Boston, así que decidimos mudarnos juntos y probar suerte allí.

La primera sorpresa fue que mi título español de especialista no servía absolutamente para nada. Si quería trabajar allí, tenía que repetir la residencia completa, no sólo de mi especialidad, sino que previamente debía hacer 5 años de Medicina Interna o de Pediatría general, según a lo que fuera a dedicarme.

Otra posibilidad era hacer un Felloship de investigación (porque allí, sin título, no te dejan poner un dedo encima del paciente, así que de clínica no podía ser).

Como mi marido no estaba dispuesto a regresar a España y en esa época yo estaba emocionada con la medicina estadounidense, decidí tirarme a la piscina y repetir la residencia.

No fue tan fácil que me admitieran puesto que necesitaba múltiples cartas de recomendación que, con mucho esfuerzo, conseguí a través de los contactos de mi suegro. Debo decir que sin mi suegro probablemente hubiera necesitado al menos un año de trámites para conseguir las cartas y ser admitida en la residencia.

Empecé la residencia en el Beth Israel, un hospital del que tengo magníficos recuerdos. La mayoría de compañeros tenía mi edad (29 años en ese momento) ya que, aunque yo había perdido años preparando el examen MIR y haciendo la residencia española, ellos habían tenido problemas económicos para pagar los estudios y habían zascandileado de hospital en hospital hasta obtener las cartas de recomendación.

Durante los años de residencia apenas pude pasar tiempo con mi marido. Si bien la residencia española también había sido dura e hice muchas guardias durante ella, la residencia americana fue tres veces peor ya que, además de guardias interminables en urgencias y en planta, había que preparar constantemente trabajos y comunicaciones a congresos. No podías hacerlo de cualquier manera, sino que siendo residente de primer año te exigían lo mismo que a un catedrático.

Una vez terminados los cinco años de residencia troncal, hice otros 4 años de especialización. Cuando terminé tenía 38 años.

Llegado a ese punto, la gran mayoría de los médicos americanos hacen el Fellow. Vamos, que sin Fellow no eres nadie; así que me metí a ello. Más cartas de recomendación y más horas interminables de trabajo.

Una de las características de la Medicina Americana, que echo de menos en la española, es que todo lo que se hace se publica. No es por vanidad, sino porque pensamos que así compartimos el conocimiento, ayudamos a otros que puedan tener un paciente parecido al nuestro y a nosotros nos ayuda aprender de los éxitos y errores de los demás. El médico americano ofrece su esfuerzo y dedicación desde la mayor humildad y con respeto hacia otros médicos.

Tanto publicar hizo que un hospital español se pusiera en contacto conmigo para interesarse por la línea de trabajo de nuestro hospital y posteriormente para ofrecerme un puesto de “jefa de unidad”, en ese momento muy bien remunerado, porque querían implantar una actividad como la nuestra en uno de los grandes hospitales de Madrid.

No sé por qué acepté.

Mi matrimonio estaba haciendo aguas en ese momento y pensé que la distancia sería refrescante. También tenía deseos de volver a vivir cerca de mis padres, que ya empezaban a ser mayores.

Acepté el contrato del hospital español y me equivoqué.

Desde entonces han pasado cuatro años.

El hospital español olvidó todas sus promesas una vez que la unidad estuvo montada. Además, asistí a la lucha por “quién firma primero” de gente que quiso atribuirse todos los méritos de un trabajo que había tenido que hacer yo sola.

Cuando mis compañeros norteamericanos me preguntan qué tal estoy en España me da vergüenza contarles cómo me han sido las cosas en mi país. Así que les digo que estoy bien. Les digo que he perdido mi trabajo por la crisis, pero que estoy intentando ponerme por mi cuenta. Que la medicina en España está muy bien, aunque trabajamos con menos medios que en los grandes hospitales de Boston.

No quiero ser injusta y atribuir toda mi tristeza a la crisis del sector. También ha influido el fracaso de mi matrimonio, sentirme extranjera en mi país natal o sentirme frustrada por haber tomado una mala decisión.

Me doy un plazo de dos años para decidir regresar definitivamente a EEUU.

No pensaba contar nada personal en este blogg y hasta ahora no había expuesto mi experiencia en EEUU porque tenía heridas abiertas, pero después de responder a muchos emails de gente queriendo saber cómo vivir la aventura americana me he decidido a compartir con vosotros esta pequeña parte de mi vida.

Trabajar en EEUU como Médico Especialista


Escribo esta entrada porque cada vez más personas me preguntan por los requisitos para trabajar en EEUU y por mi experiencia profesional allí.

Las cosas que he leído en internet me dejan con los ojos haciendo chiribitas, bien porque son escritas por personas muy optimistas que jamás han vivido la experiencia, bien porque las cuenta gente que ha tenido una suerte increíble y además de encontrar todas las puertas abiertas se ha saltado todas las normativas americanas.

Os adelanto que yo sólo puedo contaros de primera mano lo que yo hice, pero también os cuento lo que pienso que no es posible hacer.

Sin pretender echaros un jarro de agua fría, os aclaro que:


- En EEUU no convalidan los títulos españoles ni de ninguna otra parte. Simplemente te dan la oportunidad de volver a repetir todos los exámenes de la carrera y posteriormente todos los años de residencia.


- En EEUU es posible hacer un fellowship de investigación con vuestro título español, pero nunca un fellowship de clínica.


- El Fellowship no es un contrato de trabajo y no te permite obtener la residencia americana. Cuando lo termines, tendrás un diploma que difícilmente vas a poder convalidar en España. En EEUU sí que es válido, pero sólo si previamente has convalidado el título de la carrera y has repetido la residencia completa.

 
- El sueldo es excelente para un médico formado en EEUU con toda su titulación en regla pero, si no es vuestro caso, tardaréis una media de once años (con mucha suerte) en empezar a cobrar como médicos. Entre tanto a trabajar en McDonalds y a pedir becas de estudiante.

- Si queréis ser médicos en EEUU, asumid que vais a necesitar años para conseguirlo y que será un cambio para toda vuestra vida.

- Si, como yo, regresáis a España habiendo pasado varios años en EEUU, asumid que el sistema español os va a rechazar y que en ningún puesto de trabajo ni en ninguna oposición tendrán en cuenta vuestra formación o vuestra experiencia.

Si queréis pasar unos años en EEUU como experiencia profesional, os lo recomiendo encarecidamente, pero no penséis que váis a ganar dinero ni que podréis quedaros allí a largo plazo trabajando como médicos.

lunes, 4 de junio de 2012

Mesa de contratación

A los que como yo, os presentáis a todas las mesas de contratación, no va a sorprenderos nada de lo que cuente; pero he decidido incluir en el blogg una de mis experiencias para que los que inician este escarpado camino no se lleven un sopapo al enfrentarse con la cruda realidad.

Las "mesas de contratación" son una manera de contratar a un enchufado pasándose por alto las bolsas de empleo y dándole un áura de legalidad. Casi siempre se convocan con "carácter de urgencia", de manera que "no da tiempo a publicarlo en el BOE" y únicamente puede verse en el corcho del despacho del jefe de servicio.

A menudo, para que la cosa parezca legal, los jefecillos piden que se llame a gente de la bolsa que ellos saben que está trabajando o que viven a 800 Km del hospital. Como el proceso selectivo es al día siguiente, no hay margen para el traslado.

En mi caso, supe de una bolsa de empleo con perfil y carácter de urgencia a la que decidí presentarme.

Sin dar más datos, dependía de la bolsa de empleo de Castilla y León, de la que me llamaron un día a las 14:00 para estar en la mesa al día siguiente a las 8:00.

Llegué con mi currículum, las cartas de recomendación de mis anteriores jefes, títulos originales varios...

La primera sopresa fue que ninguna persona de ese hospital se presentaba a la mesa. Hay una norma no escrita según la cual no debes presentarte a una mesa de contratación de tu hospital sin ser el enchufado: lo que debes hacer es no molestar y esperar a que, en unos años, el enchufado seas tú. Así que en un servició grandísimo en que más de la mitad de sus médicos están firmando mes a mes, ninguno tuvo la osadía de presentarse en dirección médica con su curriculum.

Una vez reunidos director y subdirector médico, jefe de servicio, representante sindical, secretario y jefe de sección, me llevé la siguiente sorpresa: la enchufada tampoco se presentaba a la mesa.

Su jefe, presente en el tribunal, la llamó a su móvil más de veinte veces en las dos horas que estuvimos el resto esperando. El espectáculo empezaba a ser incómodo y ridículo, y los otros candidatos y yo (todos por encima de los cuarenta y con buenos currículums) nos mirábamos con cara de sorpresa.

Averiguamos que la candidata (la R4 que acababa de terminar la residencia), había sufrido una crisis de ansiedad, ya que no sabía si quedarse a trabajar en esa ciudad o buscar trabajo cerca de su familia.

Una vez que su jefe supo que la chica no venía, decidió levantar la veda sobre el resto de su servicio: si la enchufada no venía, al menos que la plaza quedara "en casa", no había derecho a que alguno de nosotros nos la lleváramos.

Resumiendo, el representante del sindicato decidió que se iniciaran las entrevistas sin esperar más. Pasamos uno a uno y las preguntas que nos hizo el jefe de la enchufada eran, como poco, para reírse. A mí me hizo una pregunta en inglés para ver si yo lo comprendía. Alucinante.

Finalizada la mesa de contratación el representante sindical nos dio a cada uno una copia del perfil y de la convocatoria.

Ese mismo día, a las 16:00 me llamaron de nuevo de la mesa de contratación. Por un momento pensé que había sido afortunada y que me llamaban para firmar el contrato. Sin embargo, para lo que me llamaban era para decirme que se repetía el examen dado que "no se había presentado ningún candidato que cumpliera el perfil".

El nuevo perfil, que conocí al día siguiente, incluía la cláusula de "haber terminado la residencia en 2012".

Ni que decir tiene que en esta segunda ocasión vino la enchufada y se le asignó la plaza.

Posteriormente he llamado repetidamente a la bolsa de contratación de Valladolid para enterarme de qué había pasado. Allí nadie sabía nada. Me hicieron hablar con toda la plantilla pero todo quedó en que era algo "interno" de cada hospital, que ellos no tenían la convocatoria, que no sabían nada.

¿Para qué servía el representante sindical en este caso?

Así funciona España y así se hace una selección de calidad del personal sanitario.

Becas de intensificación: letra pequeña.

Como muchos sabéis, el instituto Carlos III concede unas ayudas llamadas "becas de intensificación" para que un médico con plaza en propiedad pueda dedicarse a investigar y se contrate a un médico sustituto para suplir su labor asistencial.

En este caso, a mí me ofrecieron ser el médico sustituto.

Tras varios meses en paro no me lo podía creer y ese mismo día me desplacé a la ciudad en que me habían ofrecido el puesto. Me extrañaba que algo tan bueno estuviera sin cubrir. Según me dijeron "la gente no quiere trabajar", "todos hemos empezado desde abajo", etc.

Lo que en principio iba a ser un contrato de dos años como médico adjunto con actividad de planta y consulta, se convirtió en algo muy diferente una vez que me pusieron el contrato delante.

- La beca cubre 6 meses de sueldo, pero el "investigador" había decidido distribuirlo en 2 años. Es decir, misma cantidad total de dinero estirada durante dos años. A efectos prácticos, el sueldo es de 820 euros mensuales.

- Para poder estirar el tiempo, el alta en la Seguridad Social no es continuada, sino a semanas alternas, con baja en la seguridad social quince días al mes.

- El contrato es como becaria, ni siquiera es necesario aportar la titulación a la hora de firmar el contrato, ya que "para los becarios no hace falta".

- Al hilo de lo anterior, no cuenta el tiempo trabajado de cara a una futura oposición. El tiempo trabajado sólo contabiliza si el contrato se hace como personal estatutario.

- Horario completo aunque sólo te paguen el 25%.

- El contrato es compatible con guardias, pero en este hospital no lo era, ya que "no podemos permitirnos los salientes de guardia" y "hay pocas guardias para repartir". Una pena, ya que la guardia sí que cuenta como tiempo trabajado y además mejora el sueldo. Ni que decir tiene, que el resto de médicos del servicio, incluído el médico "investigador", sí que hacen guardias.

- Al no estar contratada por el hospital, no dispones de sello ni de recetas. El sello y recetas son las del investigador principal (??????) que llevará un control de lo que gastas, ya que la productividad la cobrará él, que es el que tiene contrato con el hospital.

- Además de asistencia (totalidad de planta y consultas del "investigador"), hay que recoger datos para las investigaciones de este señor. Se puede hacer en horario de tarde o de fin de semana.

- Cada tres meses, el investigador evalúa tu actividad y valora si te mereces seguir trabajando para él.

Escribí varios emails a las direcciones que figuran en la página de información del Carlos III. Quería saber si era posible que me contrataran como personal estatutario, si podía exigir hacer al menos una guardia, si tenía derecho a vacaciones y si era legal que el dinero de 6 meses se distribuyera en dos años. Sólo recibí una respuesta diciendo que "esto a nosotros no nos compete" y remitiéndome de nuevo a la misma web en la que nadie sabe nada.

Pues bien, a pesar de que estando en el paro gano más, mi desesperación me ha hecho firmar este contrato al que me incorporaré el próximo lunes. En mi caso, sí que quiero trabajar y, antes de volver a plantearme salir de España, necesito saber que lo he intentado.

lunes, 12 de marzo de 2012

La gente de Visita Médica

En el hospital, además de médicos y enfermeras, trabajan muchos otros profesionales, entre ellos la gente de industria farmacéutica. Son comerciales de un laboratorio, en general personas con formación universitaria: biólogos, veterinarios, químicos, médicos... Su función es presentar a los médicos las novedades farmacéuticas y, de paso, hacer publicidad de su empresa de modo que, a mismo principio activo, al médico le resulte más familiar su nombre comercial.


Por poner un ejemplo, es lo mismo el zarator, el prevencor, el zocor, el lipitor... Mismo principio activo y mismo precio. La diferencia es que cada nombre comercial pertenece a un laboratorio diferente. A veces todos estos laboratorios han trabajado en la investigación del producto y posteriormente comparten la patente, otras veces, un laboratorio vende la patente a otro.


Los visitadores médicos a menudo pasan horas esperando en las puertas de las consultas sólo para conseguir saludar a un médico, y a veces no lo consiguen. Algunos médicos se sienten más importantes o más respetados por el hecho de hacer que otro profesional dedique la mitad de su jornada laboral a esperar por él.


En mi caso, nunca he hecho esperar a la gente de visita médica. Los saludo, a veces deprisa, y de esa manera yo me entero de lo que me tengan que decir y ellos pueden continuar con su ronda de visitas. Creo que es algo que les debo porque, al igual que yo, ellos están allí para realizar su trabajo de la mejor manera posible.


El objeto de este post no es publicitar a la industria farmacéutica sino compartir con vosotros mi doloroso descubrimiento de que, al igual que hay médicos capullos, también hay visitadores hipócritas.


Cuando llegué a España como jefa de una Unidad y encargada de implantar un protocolo que hasta el momento no se estaba haciendo en nuestro país, la gente de la industria farmacéutica literalmente me adoraba. Me hacían ver que, si bien la relación era profesional, además de eso yo les caía bien.

Puesto que todos somos humanos, yo acepté su cortesía y su ofrecimiento de amistad. Mujeres de mi edad me contaban sus problemas con su pareja o con sus hijos, chicos jóvenes y guapos se ofrecían a regalarme un cachorro de su próxima camada, un comercial a punto de jubilarse me ayudó a encontrar alojamiento... Por fortuna, en la política de nuestro hospital está terminantemente prohibido aceptar regalos y eso me salvó de un pelotilleo que hubiera resultado todavía más incómodo. Pero debo decir que, tras seis años fuera de España, volver y descubrir tanta simpatía me conmovió. Me sentí querida, algo a lo que todos aspiramos. Sentía que el respeto era mutuo y que había conocido a personas estupendas.


¿Qué sucedió el día que cerraron mi unidad y me quedé en el paro? Que todo terminó:

Un comercial canceló una comida que teníamos prevista porque, según me indicó en un mensaje de móvil, tenía fiebre. Yo, en plena mudanza, había aceptado esa comida porque se trataba de un hombrecillo mayor a quien no quise desairar. Él, sin embargo, en vistas de que yo ya no tenía talonario de recetas, no tuvo problemas en quedar mal.

Otro comercial, que me había pagado la inscripción en un congreso que se celebraba en mi ciudad, simplemente lo canceló sin explicaciones.

Un tercer comercial, con el que tenía comprometida una visita a su fábrica de medicamentos, canceló la visita a través de mi antigua secretaria ya que él "no tenía mi móvil" (después de dos años de llamaditas amistosas).

Cuando me encontraba por la calle a las chicas marchosas con problemas de pareja, en vez de pararse a hablar conmigo, salían pitando, como si yo estuviera apestada.


Ya ninguno me preguntaban mi opinión sobre las pastillas para el colesterol que tomaba su suegra, puesto que esa explicación, a la que yo había dedicado tiempo y energías, nunca les había interesado.


En conjunto, hicieron que me sintiera más sola y más desamparada de lo que ya me sentía al haber perdido mi trabajo.


Mi conclusión fue que no se pueden aplicar las pautas de una relación humana a una relación comercial.


Únicamente añadir que las comerciales de Eli-Lilly y de Merck siguieron como antes, sonrientes porque ellas son sonrientes, profesionales y humanas. Por eso, a pesar de mi anterior conclusión, creo que en mi próxima vida seguiré tratando a la gente de visita médica con el mismo respeto.

domingo, 11 de marzo de 2012

Profesora Particular


Después de darme de alta en el “impuesto de actividades económicas” y en “autónomos” (por eso de que a los cuarenta años se tiene más sensatez que a los veinte), puse mi anuncio como profesora particular de inglés.


Los primeros emails que recibí fueron de otros profesores que me preguntaban por mi titulación y me acusaban de “intrusismo”. Una vez que les respondí que tenía el Proficiency y que había trabajado de cara al público durante seis años en Estados Unidos, uno de ellos me replicó con un email en inglés (imagino que para ver si yo lo comprendía) en el que me pedía mi DNI para confirmar si realmente yo estaba dada de alta ya que, de lo contrario, según decía, iba a solicitar que alguien revisara mi anuncio y me iban a meter “un paquete”. Tras meditarlo, no le envié mi DNI. Me causaba un perverso placer imaginarme a ese individuo solicitando una inspección y llevándose la sorpresa de que le dijeran que yo lo tenía todo en orden.


Las llamadas e emails de alumnos tardaron unas semanas en llegar.


La primera persona que me contrató deseaba obtener un nivel “C” de inglés para presentarse a una oposición. Le pregunté durante cuántos años había estudiado inglés. Me dijo que sólo en el colegio y que hacía más de diez años de aquello. Apenas comprendía el lenguaje hablado, no era capaz de leer una novela en inglés y nunca había vivido fuera de España. Le expliqué que iba a ser muy difícil que en un par de meses subiera tanto de nivel, y que quizás deberíamos aspirar a hacer el First (un examen de por sí muy difícil). Me dijo que no, que él necesitaba el nivel “C”, y que estaba dispuesto a dar una clase diaria para conseguirlo.

Después de nuestra primera clase, en que estuvimos aprendiendo el orden de una oración interrogativa, el alumno me comentó que estaba muy mal de dinero y que sólo me pagaría una vez obtenido el nivel “C”. Le pregunté qué pasaría si no lo obtenía y me dijo que él sólo pagaba resultados y que, si no lo sacaba, lamentablemente, no iba a poder darme nada. Intenté no perder los nervios ya que se trataba de mi primer y único alumno, le dije que para mí era importante cobrar al final de cada clase ya que era mi única fuente de ingresos. Me dijo que lo pensaría y que ya me llamaría. No cobré ni siquiera esa primera clase y estoy esperando su llamada.


Otro de mis alumnos era un adolescente de catorce años. Su madre se mostró muy compungida al ver que yo no era nativa, pero dado que me podía desplazar a su domicilio a la hora que ellos me dijeran y que estaba dispuesta a trabajar el domingo, me contrató.


Las clases iban bien y el muchacho era inteligente, tanto que consiguió una nota excelente en una materia que previamente había suspendido. Yo me alegré por la buena nota pero, ilusa de mí, no supe que eso significaría el fin de mis servicios. Desde ese momento, la madre no me volvió a llamar para solicitar una clase y, cuando yo la intenté llamar para saber qué pasaba, no me cogió el teléfono. Meses después, me crucé con el chico en un centro comercial y nada más verme se ocultó en los baños. Creo que hubiera sido más noble cancelar oficialmente las clases en el momento en que lo decidieron y así tanto ellos como yo nos hubiéramos ahorrado muchos malos ratos.


En otra ocasión, un grupo de cuatro niños solicitó mis servicios. Primero me habían preguntado el precio por hora y posteriormente habían dicho “somos cuatro, la clase será cada día en casa de uno de nosotros”. Estupendo. Hacían una rueda para pagar que no coincidía con la casa elegida que, casi siempre, era la del mismo niño.

En una ocasión el alumno a quien correspondía pagar no asistió a la clase porque tenía gripe. Los otros tres niños no habían traído dinero, cosa comprensible porque tenían once años. No cobré esa clase y, en la siguiente, en que sí vino el niño con gripe, su madre me dijo que “lógicamente”, no tenía por qué pagar una clase a la que su niño no había venido, y que ese miércoles tampoco pagaba ya que le correspondía a otro niño. Me resigné a perder un día con tal de mantener el grupo pero, el episodio de gripe, empezó a repetirse sospechosamente con ése y con otro de los niños. Tardé meses en abordar el tema seriamente ya que hablar de dinero es siempre incómodo y porque era mejor cobrar la mitad que no cobrar nada.


El día que, humildemente, pregunté cómo me iban a pagar los días que faltaban (en ese momento eran ocho días), las madres me dijeron que andaban mal de dinero y no se lo podían permitir. Una de las señoras, que siempre había pagado, abogó por mí, les hizo ver que yo también tenía mis gastos y que les estaba pidiendo el pago acordado por un servicio que yo ya había prestado. Aquello desencadenó una cadena de acusaciones entre las señoras.

Finalmente una de las madres, la otra señora que siempre había pagado, me telefoneó para decirme que se acababan las clases y que ella y la otra señora me iban a pagar de su bolsillo lo que no habían querido abonar sus compañeras. Quedé con ellas en una cafetería en el centro. Habían traído el dinero pero yo no quise aceptarlo: era igual de injusto que lo perdieran ellas que que lo perdiera yo. No insistieron. Me invitaron al café.

Durante la conversación les conté que yo era médico y que me había quedado sin trabajo en la Sanidad Pública. Me escucharon y una de ellas me contó que su marido era arquitecto y que tras haber estado trabajando por menos de seiscientos euros en varios estudios de la ciudad había optado por montar un pequeño negocio: una imprenta. Me dio la tarjeta de la imprenta y marché de allí con una sensación agradable por primera vez en muchos meses.

El resto de mis alumnos fueron gente simpática, trabajadores, pero que tan pronto estaban dispuestos a dar cuatro horas seguidas de clase como perdían el interés. Uno me llegó a decir que, con lo que él me pagaba por una hora de clase, podía comprarse un buen libro de texto.


En mi experiencia como profesora particular debo decir que lo más incómodo y limitante siempre fue la gestión del dinero. Finalmente dejé clases porque, a fin de mes, me salía más caro mantener la publicidad en internet y pagar la cuota de autónomo que lo que recibía de mis alumnos. Estoy buscando otros campos, algo que yo sepa hacer y que me permita vivir. A lo largo de los próximos meses espero conseguirlo.

sábado, 10 de marzo de 2012

El Hospital de la Montaña


Imagino que todos habéis escuchado las historias sobre hospitalitos comarcales perdidos en la montaña donde ningún médico desea trabajar. En algunos carecen de pediatra, ginecólogo, oncólogo, endocrino, cardiólogo...

Dado que estoy en paro, decidí buscar mi destino en uno de esos lugares y me dirigí en autobús al pueblo para tomar contacto antes de presentarme en el hospital.

Era un pueblecito vasco, francamente precioso. Llegué un miércoles a primera hora y lo primero que hice fue dar un paseo por la plaza del pueblo. Ese día hacía un sol espléndido, la plaza estaba llena de gente de todas las edades y la sensación global era de felicidad. Posteriormente entré en una cafetería y pedí un desayuno: pintxo de atún y café con leche. El camarero encantador. Vamos, que a esas alturas ya me las prometía yo muy feliz en el pueblo.

Pregunté cómo llegar al hospital y, la persona que me indicó, me puso al tanto del déficit de médicos.

- No tenemos ginecólogos -, dijo -, los médicos ya se sabe, pudiendo elegir, prefieren quedarse en la capital.

Seguí mi ruta hacia el hospital abrazada a la carpetita en que llevaba mi currículum: la especialidad, mi trabajo en Harvard, mis publicaciones, los últimos seis hospitales en que había trabajado... Me imaginaba que el director médico se iba a poner tan contento.


Sin entrar en más detalles, paso al grano.

- Buenos días, soy Fulanita de Tal. Vengo porque he escuchado que están buscando pediatra.
- Pediatra, cardiólogo, endocrino... aquí estamos tirados, no le importamos a nadie.
- ¿Sería posible trabajar como pediatra?

El hombre me mira, un poco alarmado.

- ¿Eres periodista?
- No, soy pediatra. Le he traído mi currículum. Me gustaría mucho trabajar aquí.

Veo que se pone azul y que tarda unos segundos en recuperar la voz.

- El puesto está perfilado con un PL2.
(El PL2 es un nivel altísimo de euskera).

- Tengo el PL2 -, le digo.

Él mira mi currículum. Tarda un tiempo en hablar y yo empiezo a ponerme nerviosa.

- ¿Por qué has pasado tanto tiempo en Estados Unidos?
- Mi marido es de Boston -, respondo.

Es mi ex-marido, pero eso no viene a cuento.

- Ya, entonces no tendrás el título convalidado -, me dice el director médico.
- Sí, he hecho la especialidad aquí, en Bilbao.

Pasa un buen tiempo mientras él revisa otra vez el currículum, como si le interesara mucho.

- Para trabajar en Osakidetza tienes que estar en bolsa -, murmura finalmente.
- Estoy en bolsa -, le digo -. Hice la OPE de 2008.
- Ya, la verdad es que ahora mismo hay otra OPE -, aduce él.
- Lo sé, estoy matriculada.
- Quiero decir, que no estamos contratando a nadie, no podemos. No nos dejan, por lo de la OPE, ya sabes.

Me pregunto qué relación tiene la OPE con que haya, según ellos, cuatro plazas de pediatra sin cubrir en ese hospital.

- Mira -, añade -, si fueras cardiólogo te diría que te pusieras la bata ahora mismo, pero pediatra... en este momento no podemos, por lo de la OPE.
- Mi marido es cardiólogo y también está en paro -, replico rápidamente.

Esto último es mentira. Mi ex-marido ni siquiera es médico, pero quiero tantear su respuesta.

- No sé si hay OPE de cardiología, tendría que mirarlo -, replica.

Finalmente se pone de pie y me devuelve mi currículum con tristeza.

- Lo siento mucho -, dice, por primera vez con sinceridad -. Estás muy bien formada, ojalá pudiera contratarte. No tenemos pediatra, pero no podemos contratar a nadie.


Le devuelvo el currículum.

- Quédese con él, por si acaso. Me ha encantado el pueblo y el hospital. Llámeme si me necesitan.
Él deja mi currículum sobre la mesa, imagino que esperará a que yo me haya ido para tirarlo a la basura.

De vuelta a casa, en el autobús, escucho a dos mujeres sentadas en los asientos posteriores quejarse de que ningún médico quiere trabajar en ese pueblo.

Esta historia es un resumen de muchas. Pudo haber ocurrido en Zumárraga, en Mondragón, en Miranda de Ebro, en Aranda de Duero o en cualquiera de las decenas de hospitales comarcales a los que he acudido personalmente solicitando empleo.

Crear una consulta Médica Privada

Tras meses buscando trabajo sin éxito, a muchos se nos ha ocurrido poner nuestra propia consulta.

Asumimos que vamos a trabajar sin compañeros, que vamos a tener que cobrar a nuestros pacientes y que, quizás, el negocio fracase.

Una vez superados estos miedos, empezamos a buscar información.

Esta es la lista de requisitos para trabajar como Médico a nivel privado en el País Vasco.

Os lo cuento a título informativo, pero si os lo planteáis en serio, antes de dar cualquier paso os recomiendo que preguntéis en vuestro colegio de Médicos.

1. La consulta

Podéis alquilarla en un edificio especializado en consulta médica. La cesión de la consulta cuesta, aproximadamente 400 euros mensuales por utilizarla durante 25 horas semanales. No tenéis derecho a dejar libros o material en ella, ya que es compartida por varios médicos. Tampoco os garantizan que vayáis a utilizar siempre el mismo despacho.

Si además queréis que una secretaria coja el teléfono y os gestione la lista de pacientes (la vuestra y la de varios médicos más), el servicio cuesta 200 euros mensuales.

También podéis alquilar o comprar vuestro propio despacho. En este caso, los requisitos son muy estrictos y probablemente no os sirva la antigua oficina de vuestro padre.
En Bilbao sólo se autorizan consultas en plantas bajas o primeros pisos. Además, se precisa la autorización de la comunidad de vecinos.
El local debe disponer de acceso para minusválidos y baño adaptado.
Según vuestra especialidad, es posible que os pidan más requisitos por lo que SIEMPRE, antes de pagar una señal por la oficina de vuestros sueños, debéis visitarla junto a un arquitecto que os garantice que el proyecto como consulta médica es viable.

2. Impuesto de Actividades Económicas

Se paga en el ayuntamiento o en la Hacienda Foral.
Hay dos posibles formas, según si se hace inversión inicial o no, y dependiendo de la que elijáis, posteriormente hay que marcar una casilla diferente al hacer el IRPF.

3. Alta en Autónomos

El mínimo es de 250 euros al mes.

4. Seguro de Responsabilidad Civil

Es obligatorio y os aconsejo haceros el de mayor cobertura y leeros la letra pequeña.

5. Licencia de Apertura

Se pide en el ayuntamiento, hay que contratar a un arquitecto, primero para que gestione las obras necesarias en la consulta, y luego para que os haga los papeles necesarios para solicitar la licencia. El arquitecto cobra unos 250 euros.

6. Licencia de Actividad Sanitaria

Se solicita en el Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco (Alameda Recalde 39) y cuesta unos 300 euros. Se renueva cada 4 años.

Para que la concedan hay que aportar el DNI, la licencia de apertura, la memoria descriptiva de la consulta y de sus actividades, los planos de la consulta, el listado de toda la gente que vaya a trabajar en la consulta, la titulación de cada uno de ellos y la publicidad que se va a hacer de la consulta.

La concesión es inmediata pero posteriormente alguien se desplazará a la consulta para confirmar que todo está bien.

7. Registro de Publicidad Sanitaria

Toda la publicidad sanitaria debe estar registrada y revisada. En la publicidad debe aparecer el RPS y un número de registro. Esto es válido tanto si es un anuncio en Páginas Amarillas como si es un anuncio de radio o una página web.

Por validarlo, cobran unos 100 euros por cada texto.


Cada vez que se haga una modificación de la publicidad, debe volver a pedirse la autorización.

8. Hojas de Reclamaciones

El trámite se hace en el edificio del Gobierno Vasco (el de cristal). Es lo más barato, sale por unos 4 euros.

9. Mutuas o Igualatorio

Sobre esto todavía no tengo información, pero por lo que sé es muy difícil entrar al igualatorio.